peces en el agua


- Todo fue mal. Y luego a peor - comenzó, dando un sorbo a la taza de café.
- ¿Por qué?
- Fue su culpa, él lo empezó todo. Acabó ahogándose en su propia saliva. Me da lástima ¿sabes? Fue una pena que acabase así.
Max asintió con la cabeza, distraído, viendo la gente pasar al otro lado de la ventana de la cafetería.
- Entonces huyó ¿verdad? - dijo, tras un largo silencio.
- ¿Alguna vez se quedó del todo? No. Era como el Principito de Saint-Exupéry, nunca dejó de tener su espíritu en algún lugar perdido del firmamento.
El chico rió con cansancio. El Principito, sonrió, nunca había llegado a entender ese libro del todo, al igual que jamás había entendido las grandes pequeñeces de la vida.
- Te quería, ¿lo sabías?
- Siempre me quiso. Pero no funcionaría. Era demasiado libre.
Se fraguó un nuevo silencio, mientras el humo del café se colaba entre su pelo.
- En realidad siempre he pensado que las personas más libres son las que más desean los lazos. Tienen miedo a ser el último pez del océano.
- Sin embargo, acabó huyendo al mar.
- La única manera de volver al mar una vez dentro es a través del váter. Nunca lo olvides.



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1 estrellas fugaces:

Un paranoico dijo...

cuidateBueno te has hecho esperar... pero por lo menos actualizastes con algo que mola... si es de una novela es un buen fragmeto

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